CINE Y CULTURA LIBRE 2017. 5ª edición. Próximas Secciones: Sección Ecología, 23 y 24 de marzo; Sección Sociopolítica, 27 de noviembre; Sección de Arquitectura y Urbanismo, 5, 6 y 7 de octubre; Sección Oficial 28, 29 y 30 de noviembre

entrevista al arquitecto José Javier Pi, autor de “Recordando la Donostia anterior al desastre de 1813”

Entrevista a José Javier Pi, arquitecto donostiarra, autor de “Recordando la Donostia anterior al desastre de 1813” que veremos en la Seccion arquitectura y urbanismo el día 8 de octubre.

La entrevista ha sido realizada por nuestra colaboradora,  la periodista Marga Mendez.

¿Que cambió y que se mantuvo de la Donostia anterior al desastre de 1813?

 Donostia-San Sebastián es ejemplar para la historia del Urbanismo. A pesar de su casi destrucción en 1813, mantiene en el casco viejo la traza medieval original con dos ambientes claros: la parte de la colina sobre el puerto hoy calle Campanario y Ángel, más las primeras alturas del Monte Urgull con Santa Ana hoy Santa Teresa, presumiblemente el primer asentamiento, y la villa de fundación con su trama gótica casi regular de 4 calles verticales y 4 calles horizontales alternando estas con belenas o venelas, que se transformarán posteriormente en verdaderas calles, esta última construida sobre arena, como casi toda la ciudad a partir de entonces. Son, todavía hoy, dos ambientes distintos.

 Sobre esta trama de la villa de fundación se realizó una de las primeras operaciones urbanísticas racionalistas en la península, en un momento bisagra de la historia al inicio del siglo de las luces: la plaza Nueva a cargo del ilustre ingeniero y arquitecto de Pavia, Ercole Torelli. Aún con una escenografía barroca, sobre todo en el decorado del monumento de la plaza, o sea, el edificio consistorial, el diseño tiene un rigor y un orden clásico hasta en la propia fachada del ayuntamiento. Pedro Manuel de Ugartemendia que con Silvestre Pérez recondujó y reconstruyó estos potentes elementos urbanos, sustituyó el ornato barroco de la fachada del ayuntamiento por un orden de columnas dóricas más sobrias, pero terriblemente enfáticas. Ugartemendia, como buen “ilustrado” racionalista, rechazaba el exceso decorativo del barroco, pero consideraba el edificio “capaz”.

Añadir que los donostiarras estaban orgullosos de su ciudad y amaban sobre todo su plaza Nueva, hoy de la Constitución, y obligaron a Ugartemendia retirar su proyecto de ciudad ideal y panóptica, con su plaza central octogonal, para mantener la planta de Torelli. Se dice demasiado fácilmente que lo que les motivaba eran solo intereses “económicos”.

En cambio, Ugartemendia consiguió imponer dos de sus objetivos: en primer lugar una cierta nivelación del suelo, rebajando la colina sobre el puerto unos tres o cuatro metros, y subiendo otro tanto la parte correspondiente a la villa de fundación. Si se excavase la plaza de la Constitución unos tres o cuatro metros, se encontraría el pavimento de la plaza anterior. Sin embargo la nivelación no fue total y ello se percibe en uno de los elementos más sugerentes de la “parte vieja”, el puente sobre la actual calle puerto, que en realidad es un túnel que “atraviesa” la colina sobre el puerto.

 En segundo lugar una uniformización de las edificaciones que se reconstruyen, gracias a sus ordenanzas. Desaparecen los edificios singulares que no sean públicos, como los palacios o las mansiones particulares. Desde la alta Edad Media, Donostia-San Sebastián era una rica ciudad comerciante, con numerosas casas torres y mansiones palaciegas, en la calle Mayor, en la calle Trinidad, la actual 31 de Agosto, y sobre la plaza vieja. Hoy salvo algunos restos en la fachada este y en los sótanos de la torre Oquendo, la actual Gaztelubide, nada subsiste de ese pasado de esplendor.

 Hasta 1813 la ciudad se debatía entre dos vocaciones, una, la comercial, heredada de los marinos gascones, que tuvo su apogeo con la compañía de Caracas en el siglo XVIII y el comercio del cacao, del hierro y de las maderas (y también de los esclavos), y otra la militar enmarcada en una dudosa estrategia de defensa de la frontera, e impuesta por la Corte española. La primera trajo riquezas y una capacidad de desarrollo envidiable en una España que decaía en los siglos XVII y XVIII. La segunda, conflictos y problemas. La Corte prohibía construir en las partes cercanas a la ciudad intramuros como en Santa Catalina y San Martín. Asimismo negaba la posibilidad de plantar arbolados. Pero la ciudad no hizo caso a ambas imposiciones. La Plaza Nueva se realiza para sustituir una Plaza Vieja conflictiva, que a la vez era plaza de Armas y plaza comercial. El propio Ercole Torelli, aparece en Donostia mandado por la Corte para arreglar el castillo y las murallas. Pero tiene dificultades para cobrar sus emolumentos. La Corte se desentiende y pide a la ciudad que se le pague lo necesario. Ésta obedece, pero, no solo eso, sino que le encarga obras civiles como la Plaza Nueva y el Ayuntamiento.

Ercole Torelli se establece definitivamente en San Sebastián y se casa con una donostiarra. Tanto la vocación comercial como la militar condujeron al desastre de 1813. Una defensa a ultranza de la ciudad fortificada, por parte de las tropas francesas y la voluntad británica de borrar a un rival comercial provocaron la ruina de la ciudad. Tardó años en recuperarse.

¿Hasta dónde llegaba el mar?

 Donostia-San Sebastián es una ciudad que se ha construido principalmente sobre marismas, arenales y terrenos ganados al mar. Salvo la colina sobre el puerto y algunos pequeños espacios a pie del monte Urgull, la pequeña colina de Santa Catalina, al final de la actual Avenida, y la ladera norte de las colinas de Aiete y San Bartolomé, en donde precisamente se asentaron las primeras poblaciones donostiarras, el resto del territorio estaba a merced del Mar. El barrio del Antiguo era una marisma con dos errekas que desembocaban en la actual playa de Ondarreta. El actual Centro y Amara eran otra marisma donde zigzagueaba el río Urumea. El actual barrio de Gros era un inmenso arenal, con algún que otro montículo como el Chofre.

¿Se puede saber el número de habitantes, aproximadamente, que tenía la ciudad?

 Donostia-San Sebastian además de ser la villa de fundación más antigua de Gipuzkoa, también fue la más poblada. En un censo de 1799, el número de habitantes alcanzaba la cifra de 10.500, guarnición incluida (que no sobrepasaba los 500 soldados). La mitad vivía en la ciudad intramuros, o sea la actual parte vieja, y la otra en el resto, Santa Catalina, San Martín, caserios, pero también Pasajes (San Pedro). En 1813 la población bajó sensiblemente, sobre todo en la ciudad intramuros, pues mucha gente se refugió en la provincia.

Alcanzaba la cantidad de unos tres mil habitantes en la ciudad amurallada, más o menos el mismo número que tenía la guarnición francesa. Las tropas anglo-portuguesas superaban la cifra de treinta mil individuos.

 ¿Qué sobrevivió del desastre de 1813?

 Es muy repetido y sabido que solo se salvó la parte norte de la calle Trinidad, hoy 31 de Agosto (de 1813), incluidos los conventos de Santa Teresa, San Telmo y las iglesias de Santa María y San Vicente. No es del todo cierto, el barrio marino en anfiteatro sobre la colina que da al puerto, entre la muralla medieval que bordeaba la parte occidental de la calle Campanario y la muralla del siglo XVI, que en parte se ha mantenido hasta hoy, se destruyó años mas tarde para permitir una reconstrucción mas racional y el recorte de la colina. Así mismo muchos edificios mantuvieron sus muros y fachadas intactas y se podían haber restaurado, como es el caso de la Lonja sobre el muelle, del Campanario que solo tenia su flecha truncada, de algunos palacios de la calle Mayor, como lo indica Pascual Madoz en su diccionario Geográfico e incluso de parte del Ayuntamiento. Pero una larga ocupación inglesa posterior caracterizada por una serie de depredaciones en los edificios, la falta de dinero y la voluntad de partir de cero con la futura nivelación del suelo, sentenció la desaparición de muchas señas de identidad de la pujante Donostia anterior a 1813. Añadir que los edificios religiosos que han permanecido, han sufrido cambios a lo largo de los siglos XIX y XX. Santa Teresa cambió de campanario, así como San Vicente que paso a tener dos torrecitas de un estilo ecléctico incierto, mas rosetones desproporcionados. San Telmo perdió su campanario y se transformó en museo con dos edificaciones nuevas sucesivas. Santa María no sufrió cambios, salvo su plataforma de acceso ante el atrio que se recortó para permitir un acceso directo entre la calle mayor y la calle Trinidad, pero ello en detrimento de la magnificencia visual del edificio y de su integración en la trama urbana. Antes las escalinatas que subían a Santa María ocupaban todo el ancho de la calle Mayor por un lado, y todo el ancho de la calle Trinidad por el otro.

En la parte exterior, los tres conventos de San Sebastián la Antigua, de San Bartolomé y de San Francisco, dispuestos en un arco de oeste a este, alrededor de la ciudad intramuros sobrevivieron unos veinte años mas, para ser destruidos durante la primera guerra Carlista, hacia 1835, a manos de las tropas de la legión inglesa, pero esta vez en defensa de la ciudad liberal.

¿Qué era lo más simbólico de la ciudad que desapareció y no se podrá nunca recuperar o reproducir?

 El Campanario o puerta torre de Santa María era quizás el edificio mas simbólico de la ciudad. Estaba representado en multitud de dibujos y planos, aunque muchas veces con aspectos diferentes. Pero la realidad exacta de sus formas pasa a un segundo plano tras la importancia que le confiere su ubicación, verdadera charnela entre el puerto, el mar, la colina, el monte y la ciudad. De origen muy antiguo, del siglo XIII o XIV, tenía un papel importante en la vida de la ciudad como regulador del tiempo social. Era un verdadero icono urbano, medieval, como las puertas torres hanseáticas abiertas al mar, como el campanile de Venecia. Estaba en un punto alto, en la esquina del ángulo recto que formaba la larga calle de la Trinidad y la calle Campanario. La importancia central que representaba su imagen en la “veduta” que se tenía de San Sebastián desde el alto de San Bartolomé, cuando el viajero que llegaba de Hernani descubría la ciudad, se refleja perfectamente en el grabado del Civitates Orbis Terrarum de Georgius Hoesnagle.

La nivelación de la ciudad intramuros, durante la reconstrucción de la ciudad, tras el incendio de 1813, tuvo como ultima consecuencia la eliminación del Campanario. Es cierto que su flecha estaba truncada por el bombardeo inglés de 1813, sin embargo, en un primer momento, ante la súplica del campanero, el Ayuntamiento encarga unas primeras obras de reparación de la cubierta del Campanario, cuyo presupuesto se presenta el 19 de septiembre de 1814, para dar marcha atrás ante un informe negativo que Ugartemendía realiza el 3 de octubre. El vetusto y varias veces centenario edificio será derribado en 1817.El Campanario desapareció de la memoria de los donostiarras, hasta el punto de olvidarse su ubicación exacta, de confundirla con una supuesta torre de la Sagramentería o de los sagramenteros, término que definía el oficio de carcelero municipal. Esto último, simplemente porque Joaquín Antonio del Camino y Orella le dió una función de carcel pública en su historia de San Sebastián. Puede que en algún momento de su historia, tuviera algún cuartucho que sirviese de celda, porque quitando el espacio del arco-puerta en la planta baja, el lugar propio de las campanas y el de la vivienda del campanero, poco espacio quedaba. En cuanto a la verdadera torre de la sagramentería o cárcel del concejo, no tenia un lugar fijo; varias torres de la ciudad tuvieron alternativamente ese cometido: el campanario arrastró una mala imagen entre los historiadores donostiarras, era una cárcel y además, según Ugartemendía, era feo. Este se refería, sin embargo, a la fealdad de un edificio mutilado. Pertenecía a una generación de la Ilustración que no valoraba el patrimonio como lo harían posteriormente los románticos de la primera mitad del XIX con el redescubrimiento del gótico. El Campanario no merecía ser estudiado muy a fondo.

Pero gracias a un estudio detallado de los planos antiguos, sobre todo franceses, algunos inéditos, se puede situarla con precisión. La torre-puerta de Santa María (Notre Dame), estaba unida al muro viejo, en su lado sur, con una escalera a su costado y, al norte, estaba insertada en la esquina suroeste de la casa-torre de Oquendo, ahora Gaztelubide. Todavía hoy se puede percibir en la fachada lateral de dicha casa torre una hendidura vertical, ultimo testimonio de la existencia del campanario. En un plano fechado en 1851, del archivo municipal de San Sebastián, donde todavía aparece superpuesta la antigua trama urbana sobre la trama reconstruida, está claramente dibujada a trazos el área de la torre. En este mismo plano, una línea que acaba en trazos y lo cruza de este a oeste, indica el comienzo del desmoche de la colina sobre el puerto. Dicha línea también aparece en un plano superpuesto de Ugartemendía, como una traza negra que atraviesa el campanario. En una primera mirada superficial parece un error del delineante pero, analizando con más detenimiento, dicha traza resulta ser, como hemos visto, significativa. Además de indicar el comienzo del rebaje de la colina, señala la necesaria creación de una rampa y posterior escalinata, delante de la futura Gaztelubide, para acceder a la calle trasera de subida al castillo.

Los planos antiguos pueden ofrecer otras sorpresas. En el plano de Villaturiel (1546-SHM Simancas.) tenemos reflejado con mucho detalle la planta de la cubierta de la Torre de Santa María. Están dibujados en el centro su flecha piramidal con base octogonal, típica del gótico, los cuatro pináculos de esquina y la balaustrada perimetral. El campanario seguía sin lugar a dudas todos los cánones de la arquitectura gótica y aunque no existan alzados exactos, debía tener cierta entidad y hermosura. No podía ser menos, dada su posición privilegiada en la ciudad. El hecho de su permanencia a pesar del derribo de la iglesia gótica, para ser sustituida por la actual, es una prueba suplementaria de ello. La restitución de la torre-puerta del Campanario permite demostrar la primordial importancia de un lugar señalado en la topografía de la ciudad, que actuaba como referencia y pauta en el orden de la vida y creaba una innegable centralidad urbana, de tal transcendencia que se celebraba en el énfasis de su arquitectura distinguida.

 Que no se podrá nunca recuperar es evidente. Que no se podrá reproducir, parece difícil pero no imposible.

 Alrededor de su antigua ubicación se han construido, incluso recientemente, edificios demasiado altos que tienen un impacto visual nefasto para apreciar, desde la Concha, el conjunto monumental de la “parte vieja” con una hipotética reconstrucción aunque sea simbólica de la torre campanario.

 En la actualidad, ¿en qué parte de la ciudad podemos encontrar más vestigios del pasado anterior a 1813?

 Los vestigios del pasado de la ciudad anterior a 1813 que se presenta en esta producción audiovisual, son escasos. Han permanecido los cuatro edificios religiosos con algunas modificaciones, de ellos se ha hablado anteriormente; han permanecido algunos edificios civiles que se reconocen por sus recercados de sillares de piedra en las ventanas, y sus grandes jabalcones de hierro forjado en sus balcones, como es el caso de la ultima casa que dejamos antes de adentrarnos en el paseo de los curas del monte Urgull., o algunos de la calle 31 de Agosto. Todos ellos en la actual “parte vieja”.

Quisiera resaltar sin embargo tres huellas significativas y que me producen una cierta emoción. La primera, la brecha en la parte lateral izquierda del edificio Gaztelubide, último testimonio de la puerta torre campanario de Santa María. La segunda, el puente sobre la calle puerto que nos indica que allí existió una colina, seguramente el primer asentamiento poblacional de la ciudad. Y la tercera, ya fuera de la ciudad intramuros, es una pendiente, aparentemente anodina, que existe a mitad de la calle San Bartolomé y que muere al pié de la cuesta de Aldapeta. En ese mismo lugar arrancaba la primitiva carretera-camino que unía la ciudad con Hernani, la Provincia, y Madrid. La cuesta de Aldapeta que sustituyó en 1812, auque con un inicio diferente al actual, ese arranque abrupto, lo mantuvó, habilitando un puente para su paso, hoy tapado por un edificio.

 Detrás estaban las escalinatas que conducían al antiguo convento de San Bartolomé, pero hoy escondidas por un relleno de tierras. Estos días se están haciendo excavaciones arqueológicas en los restos de dicho convento. Los reyes Felipe III y Felipe IV bajaron por esa pendiente cuando trajeron sus hijas Anna de Austria y María Teresa para casarlas con Louis XIII y Louis XIV respectivamente.

planos antiguops aprte vieja puente parte vieja

 ¿Con qué se va a encontrar el espectador cuando vea esta producción audiovisual?

 La producción audiovisual que se presenta al espectador, es una animación realizada con programas Cad que permiten realizar modelos arquitectónicos y urbanísticos 3D, renderizarlos y permitir paseos virtuales en y alrededor de ellos. Es una animación de unos diez minutos que nos muestra tal como era la ciudad de Donostia San Sebastián antes de 1813. Con ocasión del bicentenario 1813-2013 hemos querido rescatar la memoria histórica de lo que fue la ciudad antes de su destrucción, por medio de su reconstitución urbanística y monumental, en el marco paisajístico de la época. El objetivo es presentar a los donostiarras y al público en general una imagen de la ciudad en los albores del siglo XIX lo más real y clara posible.

La animación consiste en un paseo tanto aéreo como a ras del suelo, alrededor y dentro de una maqueta 3D vectorial virtual que nos restituye una imagen de la ciudad del pasado. Se ha partido del último plano topográfico 3D municipal, y gracias a las referencias de los monumentos que han permanecido, se han insertado los planos históricos que nos aportan los datos de la realidad pasada mediante aproximaciones sucesivas y eliminando los derribos, desmontes y rellenos que ha padecido la ciudad, hasta conseguir la solución más satisfactoria. No pretendemos haber alcanzado la verdad exacta de lo que fue la ciudad, sino una realidad plausible, coherente con la historia de la arquitectura. Hay elementos de la ciudad que han sobrevivido y su reproducción es inmediata; otros han sido transformados y se pueden recomponer con mayor o menor precisión; los más han desaparecido y si han dejado huellas ha sido en restos arqueológicos, cuadros, grabados o cartografías antiguas. La solución adoptada en la reconstitución de estos últimos no deja de ser hipotética; pero está justificada a partir de la documentación histórica aportada y/o con elementos arquitectónicos de características geográficas o históricas análogas.

 La película-animación que se presenta es un esbozo, un croquis de lo que será la versión definitiva, más elaborada técnicamente y cinematográficamente, con complementos e ilustraciones más variadas y actuales, y con una generalización y mejora de los renderizados. Se ha querido presentar primero un largo travelling que nos permite percibir la ciudad desde lejos y desde arriba, para luego pasar a una serie de secuencias mas cortas, alternando entre paseos renderizados a pié de calle y otros mas generales, bajo forma lineal sombreada, pero siempre manteniendo un recorrido continuo. La música que acompaña la película es un hito del barroco francés, les Indes Galantes de Jean Philippe Rameau, con cierto carácter nostálgico, que hemos pensado apropiada para adentrarnos en la Donostia del siglo de las luces.

 ¿Qué es lo que más ha costado reproducir en esta producción audiovisual?

 Lo que más a costado es la realización del modelo 3D, que todavía permanece abierto, susceptible de mejoras y correcciones de errores. Siempre se ha trabajado al límite de la tecnología CAD y de representación visual digitalizada, al menos de la que disponemos. Sabemos que existen potentes equipos tanto en material, como en personal, pero no es nuestro caso. Sin embargo el restituir una ciudad, en su totalidad, en su marco geográfico, como es el caso de San Sebastián con su serie de montes y colinas, es poco frecuente. Se ha buscado reproducir lo que era la típica maqueta de Arquitectura, con sus curvas de nivel y los parámentos de las construcciones con tonalidades grises y rugosas sin los aplacados seudorealistas de piedras, ladrillos o demás materiales.


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